“Los fusilamientos del 3 de mayo” de Francisco de Goya (1814).

Goya recoge en este cuadro las represalias que el ejército francés lleva adelante contra los sublevados del 2 de mayo. Este cuadro, por consiguiente, es la consecuencia del cuadro “La carga de los mamelucos”. En el lienzo aparecen dos grupos claramente diferenciados. Por un lado los fusilados, que se subdividen a su vez en tres subgrupos (los que han muerto, los que están a punto de ser fusilados y los que esperan el pelotón de fusilamiento), y que ofrecen la cara al espectador. Sus rostros aparecen atemorizados y desesperados, e iluminados por la luz de un farol. Sus actitudes son muy distintas, desde el que se tapa la cara porque no puede soportarlo, el fraile que reza, hasta el que abre sus brazos a las balas y mira directamente a los soldados. Su camisa blanca atrae el foco de luz como llamada de atención a la muerte que se acerca. Por otro lado el grupo que conforman los soldados. Situados dando la espalda al espectador que no puede ver sus rostros. Representan a la máquina militar anónima, gris, impasible y desalmada que ejecuta una orden. Se  hallan en perfecta formación y responden a un movimiento unísono. El cuadro supone un verdadero alarde cromático en el que aparecen rojos vibrantes, amarillos y un impresionante charco de sangre. La luz da a la escena un aspecto espectral y un descarnado realismo. La pincelada es suelta e independiente del dibujo.

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